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Cansada de ser una niña perdida…

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Y un día, Wendy se dio cuenta de que estaba cansada de correr por todo Nunca Jamás y buscar problemas. Contar cuentos, volar, hacerle de mamá y perseguir piratas era muy divertido y aun lo disfrutaba… sólo que ya no tanto como antes. Ansiaba una vida más tranquila y madura. Leer algún libro, tener un pasatiempo, seguir estudiando, tener un plan a largo plazo que poder ejecutar. Deseaba tanto sentirse identificada con algo, y es que simplemente no hallaba un lugar para si misma en Nunca Jamás, por más que lo buscaba. Las sirenas se dedicaban a cantar y criticarse mutuamente. Las hadas… bueno, de entrada seguirlas era difícil y escucharlas casi-imposible. Y que decir de los niños perdidos. Vamos ni Peter, con sus sagaces ojos miel y su eterna inquietud por aventura la hacían sentir a gusto.

Mucho tiempo meditó Wendy la razón de su tedio en aquella encantadora estrella y los niños perdidos, activos más no ajenos a los sucesos de su grupo, no tardaron en darse cuenta que la mirada de su madre adoptiva había cambiado, y su voz por momentos cobraba un tono lejano y serio. Preocupados, los infantes informaron de todo esto a Peter, quien inmediatamente llevó a cabo el plan salvemos a Wendy. Creyendo que la niña estaba enferma o necesitaba atención, los niños perdidos se dedicaron a llenarla de actividades y no dejarla sola ni un instante, todo con tal de contrarrestar su extraña actitud. Más estas acciones sólo hicieron más evidente el cansancio de Wendy. Peter incluso llego a llevar a nuevas niñas a Nunca Jamás, con tal de que la chiquilla se sintiera acompañada por otras como ella, pero no había nada de que hablar con estas pequeñas que, asombradas como ella lo estuvo en su momento de aquel lugar, se preocupaban más por perseguir piratas y volar con las hadas que por otra cosa.

Una tarde, mientras Wendy paseaba en solitario por las playas de Nunca Jamás, la chiquilla se topo frente a frente con el temible capitán Garfio, que desenfundando su espada la amenazó entre carcajadas, asegurando que esta vez no escaparía y sería el fin de Peter Pan. Anteriormente una amenaza así habría desencadenado la angustia de la niña pero ahora ella lo observaba con ojos aburridos.

-¿Acaso no me temes niña? ¿no temes por el futuro de tu compañero? bramó encolerizado el pirata, blandiendo su acero.

-Lo siento, en verdad lo siento-  murmuró la niña -es sólo que esto es tan cotidiano que ya no me importa. Estoy cansada de ser una niña perdida, quiero tener un camino. No sé porqué siento que algo esta mal conmigo, no puedo hacer que nada me importe ya…

El capitán guardo su acero y se acercó a la jovencita, levantando su rostro con la suave curva de su garfio.  No estas mal pequeña- dijo el hombre – lo que esta mal es Nunca Jamás. Estas cansada porque ya no perteneces a esta isla ni a estos niños.  Tus ojos me lo dicen al mirarme, estas lista para seguir adelante. No puedes seguir ignorando tu madurez.
Estas palabras angustiaron a Wendy pero al mismo tiempo la hicieron comprender que estaba  pasando con ella. ¿Pero porqué sólo yo me siento así? ¿porqué no le sucede lo mismo a los otros niños?- pregunto la pequeña, visiblemente alterada. El capitán sonrío con unos dientes amarillos – No eres la primera niña en Nunca Jamás Wendy, y tampoco serás la última. Todos los niños perdidos llegan a tener un momento en el que se dan cuenta que no pueden continuar perdidos. Es parte de crecer. Y eso lo saben todos, hasta Peter Pan. Pero el muchacho es necio y se niega a dejarte ir, porque el mismo siente lo mismo que tu, pero aceptar tu partida sería aceptar que el también debe seguir, y no hará eso mientras haya niños nuevos que lo puedan distraer de su verdad. Debes irte Wendy, no puedes seguir siendo una niña perdida. Y no puedes decírselo a nadie, porque intentarán detenerte. De todos modos, ellos ya saben que te marcharás.

Las palabras del pirata ardían en los oídos de la niña, pues sabía que hablaba con la verdad.  Repentinamente su paraíso se había transformado en una cárcel de juegos de la cual no creía poder salir. Pero Garfio, leyendo los pensamientos de la niña, se acercó aun más a ella y le dijo suavemente – Yo puedo ayudarte, si quieres. No es la primera vez que hago esto. Y es que en realidad no soy malo, Wendy, sólo soy un arquetipo. Si estas lista para irte, ven mañana a la medianoche. Te veré en el muelle y yo mismo te escoltaré fuera de Nunca Jamás. Si aun dudas de mis palabras puedes pensarlo más, esperaré el tiempo que quieras, sólo recuerda que una vez fuera, no podrás regresar nunca jamás.

Cuando Wendy regresó al refugio, se veía visiblemente alterada. Los niños perdidos la mimaron y llenaron su cama de flores y mariposas, pero aquello no quito de la niña la mirada turbia que revelaba lo que debía hacer.

Ese día, el último en Nunca Jamás para Wendy, Peter la acompañó a todos lados, intentando entretenerla y manteniendo su atención fija en ella. Wendy sonrió y agradeció todas las atenciones de Peter y los niños, pues sabía que serían las últimas que tendría de ellos. Rara vez los niños se divirtieron tanto como en esa ocasión, en las que sus aventuras estuvieron colmadas de canciones y besos de su madre. Corrieron y saltaron desde el amanecer hasta el ocaso y cuando sus cuerpecitos exhaustos entraron al mundo de los sueños, otro espacio mágico en Nunca Jamás, Wendy se despidió de los pequeños con un beso suave en la frente que no los perturbó en absoluto. Silenciosa como una madre, la niña se desplazó hasta la puerta del refugio y al exterior, donde le esperaba un melancólico Peter Pan.
No te vayas- dijo Peter, mientras sujetaba la mano de la sorprendida niña.

Debo hacerlo- respondió ella -ya no pertenezco aquí.

Si te vas, no podrás regresar nunca jamás-

-No planeo hacerlo Peter. Y no puedes detenerme. Mi tiempo siendo una niña ha terminado, debo seguir adelante. Y tu también deberías. Sé que ya no eres feliz aquí, sé que te atemoriza sentir esto. Pero no es tan malo crecer. No es la imagen terrible que te has dibujado y de la que huyes. Es normal y necesario. Todos debemos encontrar nuestro camino, hasta tu Peter… si quieres venir conmigo podemos-

Pero el muchacho la soltó bruscamente y regresó al cubil, sin voltear atrás. Herida en su amor materno, Wendy caminó por última vez hasta el barco del Capitán Garfio, que la esperaba como lo había prometido. El viaje final fue silencioso y lento, mientras la isla en la que Wendy vivió miles de aventuras se desdibujaba entre las nubes. Finalmente, llegaron a la orilla de la estrella, y la niña se preparó para dar el gran salto. Pero no lo dio -¿Y si no estoy preparada para esto?- dijo la niña -ya no podré volver nunca jamás… tengo miedo. El capitán Garfio colocó su mano sana sobre el hombro de la niña y la miro afectuosamente. -Nadie esta preparado para madurar Wendy, peor no por eso podemos evitarlo. No puedo asegurarte que el camino que vas a recorrer será fácil, pero puedo decirte que valdrá la pena. Debes decidir entre saltar y arriesgarte o quedarte estacionada para siempre en una isla que no cambiará. La decisión es tuya, y sabes cuál es- La niña miró a Garfio por última vez – ¿Porqué Peter tiene tanto miedo de crecer?- preguntó. Y el pirata, sonriente, respondió – Por la misma razón por la que yo tengo miedo de envejecer.

Y haciéndose a la idea de que no iba a ser fácil, pero tampoco imposible, Wendy saltó.

Un cuentito para quitar el miedo…

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A veces dan ganas de escribir, pero no se nos ocurre nada. Simplemente la cabeza esta muy aturdida porque es madrugada y te tomaste demasiados cafés, o sólo es el hecho de que tienes tedio y no quieres ni tocar una historia en tu cabeza, porque sabes que mañana la leerás y sonará terrible por lo cansada que estabas… ese es uno de esos momentos, pero no quiero dejar de publicar. Me siento extrañamente cercana a este blog esta noche y por eso es que compartirñe con los lectores que tengo (aunque sean medio-insectos como yo) uno de esos cuentos que me da pena que lean. Creo que ya es hora de arriesgarme, a ver que sucede. estoy aprendiendo a controlar mis temores y creo que este es el mejor paso para ello…

Metro Polanco

Por entre brazos y cabezas. Cabellos largos de mujer y encrespados de hombre, siento tu presencia pendiente de la mía. Dos pequeñas monedas de cobre viejo, enmarcadas por curvas de sedosas pestañas. Te observo y enfocas tu mirada en otra persona.

Seis, cinco.

Tus orejas de filigrana y cartílago, de las cuales cuelgan lóbulos redondos iguales. Orejas de bebé en el rostro masculino de pómulos altos y barbilla redonda y descuidada. Cinco, cuatro.

Disimulas tu mirada. Bajo la mía. Zapatos de piel escondidos bajo mezclilla grande y aparentemente gastada. La camisa blanco oscuro, luida por la vida aunque aun eres un niño. Lo delatan tus monedas. Monedas que me observan, monedas que caen.

Cuatro, tres.

Comparo tu boca con la de los otros pasajeros, pero solo tú tienes labios delgados de papel. Apretando, entre el paréntesis de barba de tu quijada, un pensamiento.

Tres, dos.

Curvas cementadas de cabello avellana sobre tu cabeza. Muy corto para ser rebelde. Muy largo para ser decente. El sello distintivo de tu lunar bajo el pómulo izquierdo remata las facciones de infante veinteañero, aunque pude haber calculado mal.

Dos, uno.

Entre tantos rostros, te pierdes y reapareces. Sabes que ahora compartimos el mismo juego por espacio de una hora, supiste que existía. Supe que vivías.

Uno, cero.

Se abren las puertas del metro. Mientras te pierdes, lamento no ver tus manos. Manos de muerto, con monedas de cobre por ojos. Si, era una mochila roja sobre tu hombro. Aun eres joven a pesar del cuerpo de adulto. Las masas nos arrastran y pronto te pierdo de vista. Adiós, hasta nunca. Toma el camión y olvídame ahora. Yo seguiré idealizándote como se idealiza a los muertos. Quizás, hasta pasado mañana…

14 días después de año nuevo

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Han pasado, exactamente, dos semanas desde que celebramos el año nuevo.Algunas casas todavía conservan en su sala el brillo opaco de un arbolito colmado de esferas. Los regalos y buenos deseos han dado paso a la cotidianidad de un año que ya tiene 14 días de uso. La noticias guardan su efervecente alegría en una caja para regresar al monocorde sonsonete de malas noticias. En el aire ya no se respira ese ambiente de paz y armonía que reinaba entre las personas, sino más bien una nata gruesa de desencanto y frío provocado por el frente número 20. Si, se ha ido un año más y todos los deseos, incluso los miedos de este año se han quedado atrás. Los propósitos del 2012 ya son cualquier cosa, arrumbados en una esquina del cuarto, olvidados junto con la dieta y el aumento en el trabajo. Poco a poco, la vida regresa a su estado natural de flan a medio cuajar…

Pero, en una ventana de una casa algo congelada, tejiendo una telaraña nueva de buenos deseos y expectativas, una araña inválida esper que este sea el mejor año de su vida. Tiene trabajo (¡al fin!) dando clases de idiomas por internet y esta aplicando para ser escritora de temas sexuales. Ya no le tiene miedo al fin del mundo, porque según internet no va a pasar. Y le cree. Tiene bodas en puerta, cambios por venir y muchas cosas que concluir… y aunque pasen 14, 20, 35, 90 días más, este año seguirá siendo nuevo y flamante para ella. De su telaraña deja colgada unas esferas transparentes de navidad, como un recuerdo de la alegría del año pasado, y coloca una hoja de colores con todas las cosas que va a cambiar y hacer para este nuevo año. Para los seres humanos allá afuera, el 2012 ya es algo viejo y cotidiano, que no merece atención. Para una araña sin dos patas, colgada de una ventana, todos es nuevo y maravilloso. 14 días después de año nuevo, sigue disfrutando de un perpetuo año nuevo…

Todos lo ven como un atardecer. Para mi, es un amanecer...

De infancias de mierda y presentes traumados…

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Creo que siempre envidiaré a aquellas personas que pueden decir que tuvieron una infancia “feliz”. Quizás por el hecho de que yo no tuve una de esas juventudes alegres, y pienso erróneamente que si uno no la tuvo, nadie la merece. Incluso puede que este mal y nadie jamás haya tenido una infancia completamente feliz, es más puede que este siendo egoísta y sufra una infancia en en realidad, no estuvo tan mal, comparada con otras. Pero en realidad eso no lo sé porque únicamente puedo saber lo que me dice mi propia perspectiva: mi infancia no fue feliz, por más que quiera creer que si lo fue.

Creo que todo empezó con las peleas arrítmicas de mis padres, los apaleos físicos y emocionales de mis hermanos que detestaban ese favoritismo con el que me trataba mi padre. Luego, eso yo lo descargue en mi hermana y quizás no debí… pero ¿acaso merecía yo que me botaran eso a mi primero? no. Claro que no. Pero esto no es una justificación de mis actos o una sesión de acusaciones; es meramente un momento de reflexión que ni siquiera sé su pueda hacer público para cuando termine de escribir y eso es por el miedo. Si, el maldito miedo que nació en mi desde la primaria, en esos salines tan hermosos y llenos de vida dónde era despreciada por mi color de piel, mi manera de hablar… porque era despistada y a veces cometía errores, como esa vez cuando abrí la puerta del único baño y había una niña que me hizo lo mismo en cuanto yo entré, pero lo hizo para vengarse y humillarme. Días y días en los que nadie me quería ver, ni tocar. Cuando me desquitaba con los que eran más débiles que yo aunque no debía. Los maestros se enojaban conmigo porque no “prestaba atención” o no “me esforzaba lo suficiente” pero ¿quién quiere esforzarse cuando vives al margen de la vida, con todo riéndose a tu alrededor? Para el final de la primaria, lo que había empezado difícil se tornaba peor. Recuerdo en especial a un niño que me hizo sexto año de cuadritos, aunque no se bien que me hacía… quizás lo reprimí tanto que a nunca lo recordaré. Quizás.

La secundaria fue la peor época de mi vida y con buenas razones. Una vez dijeron que tenía el color de la caca y que me habían defecado ¿lindo, no? risas y burlas en plena clase, tantas que me hicieron llorar a la mitad de la lección de francés y la maestra me dijo que “no era para tanto” ¿Qué no era para tanto señora, si ni siquiera se enteró de lo que me pasó? Cada día era peor y peor, y siempre lo aguantaba con la boca cerrada, porque cuando intentaba defenderme sólo eran más risas y más burlas, una tras otra, sin parar, hasta que acabaron con el último trozo de amor propio que tuve de mi. Fue mi época más obscura, cuando empecé la preparatoria. Deseaba tanto desaparecer que comencé a flagelarme y a pintar personajes horribles de grandes sonrisas y ojos vacíos que colgaban de cuerdas en todos los salones. Robaba los plumones rojos de los salones y pasaba horas pintándome sangre en los brazos, perfeccionando cada gota para que pareciera que brotaba de mi piel abierta. Todos comenzaron a tenerme miedo ¿Porqué? ¿Qué acaso no me hicieron de vidrio? ¿Primero me apalean y cuando me levanto se asustan? hipócritas. Odio la hipocresía. Es el único razgo que no trago en nadie. Pero prefería ser ignorada a que me siguieran apaleando, creo que de haber seguido eso si me hubiera suicidado, pero siempre me dio mucho miedo morir. La sola idea de dejar este mundo era aberrante y luego me flagelaba más por mi cobardía. Es curioso, han pasado muchos años de esto y aun retumban en mi cabeza esas risa burlonas, esas muecas horribles de infantes abandonados e ignorados de tal manera que debía hacer a alguien sentir mal para poder llenar algo en su simple y vacía existencia de adorno de sala para una familia que quería más al perro que a ellos (al menos el perro era bonito) Triste. ¿Si yo lo he negado para protegerme, que habrán hecho ellos? ¿serán esos compañeros los de la infancia “feliz” que menciono primero? antes pensaba que si… ahora, no estoy tan segura.

Cuando Avinav se suicidó, yo tuve mucha envidia de su “valor”. Pero al mismo tiempo, me devastó tanto pensar que había tomado la salida más fácil, dejarlo todo a la mitad. Pero espera, ¿qué no morir es valiente y honrado? si lo es, ¿entonces, porqué estoy tan triste? Todos los días después del memorial, al principio del día y durante el recreo, subía a prender sus veladoras en el techo de la escuela y pasaba mucho tiempo allí con él, pensando en si esos mismos hipócritas mediocres me hubieran dejado velas a mi, aun si fuera su culpa. Avinav no se mato por la escuela, fueron muchas más cosas, lo sé… pero siempre los culparé a ellos, quizás también por lo que me paso a mi. Sólo uno de ellos levanto la voz en un momento y pidió a los demás que no fueran hipócritas… y aun así, el llevo velas y rosas y muchas otras estupideces de recuerdo a alguien que ni siquiera se molesto en recordar. No lo sé, quizás yo también hago mal, quizás también soy hipócrita y recuerdo a alguien a quien no conocí bien… pero de quien fui cercana por mucho tiempo. Planeaba mi suicidio en plena escuela, planeaba matar a todos. Creo que fue esos momentos los que me hicieron tan cobarde ahora… tan blandengue. Hablé con mis amigas y ellas me “apoyaron”. Apoyo adolescente, de “ya, ya” y punto. Ahora apenas y hablo con alguna de ellas. Me digo que están ocupadas, que no siempre se puede recordar a ,os amigos, pero luego me pregunto si realmente fueron “amigas”.

Creo que lo único que me mantuvo cuerda hasta el final de la preparatoria fueron mis dibujos. Pasaba días enteros en mi cabeza, imaginando mundos dónde todo giraba a mi alrededor y nadie me quería hacer daño. Era valerosa y de piel clara ¿necesitaba algo más? Tengo diarios enteros llenos de cosas que en realidad no pasaron más que en mi cabeza… ¿triste? no. Al menos no lo veo así. Un joven debe hacer lo que pueda para mantene5rse a flote, aun si eso implica enamorarse de alguien en otro continente, que se siente igual de solo e inseguro y que necesita un apoyo en alguien como él. Daniel, tu me salvaste la vida, y jamás te lo voy a poder agradecer…

A la vuelta de los años, uno se da cuanta de que ese tipo de experiencias te marcan de por vida. Yo me percaté de que esos actos en mi contra eran para encubrir una inseguridad más grande que la mía. Ya sabes, gritar mucho para mostrar valor, aunque te mueras de miedo. Con el paso del tiempo, llegué a “perdonar” a esos desgraciados que me hicieron daño, aunque muy en el fondo aun guardo los peores deseos para ellos. y sé que no debo. Pero francamente, viví miserable casi 14 años de mi vida. Y eso no tiene perdón. Lo entiendo, pero no lo justifico. Y creo que, después de todo, tampoco lo perdono. Si pudiera regresar el tiempo, vivir todo eso nuevamente pero con los conocimientos que tengo ahora, no sólo hubiera intentado golpear a ese tipo gordo y desagradable que se mofaba de mi para ocultar su inseguridad por su mariconería. No. Le estrellaría la banca en esa cabeza llena de mierda hasta partirla en dos como un coco. Y dejaría de ser esta cobarde paranoica que soy para transformarme en alguien lleno de ira y rencor. Un rencor viviente como Pedro Páramo. Pero quizás ni siquiera así tendría mi “infancia feliz” como la deseo. No lo sé, las arañas siempre hemos tenido autoestima pequeña porque somos pequeñas, y nos defendemos cuando nos atacan deliberadamente. Pero yo nunca me defendí… creo que desde entonces estoy defectuosa. Pero aun no sé si ser así es bueno o malo.

De todas formas, el hubiera no existe. Y no puedo regresar el tiempo. Sólo puedo lidiar con la persona que soy ahora y tratar de ser mejor y ayudar a los demás. Quizás en el futuro la vida me de otra oportunidad para que enfrente nuevamente a esas personas. Y espero que para entonces, tenga la fuerza suficiente para partirles la cara a golpes, como debí haberlo hecho hace mucho tiempo. Porque uno tiene que atreverse a hacer las cosas,y terminar siempre lo que se empieza, ¿no?

Jerusha J.

Corriendo en la obscuridad

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Dicen que la definición de un loco es hacer las mismas cosas una y otra vez, pero esperar resultados diferentes. También dicen que sólo los humanos cometen el mismo error dos veces. Creo que todo es cierto, porque todo se aplica a mi persona actualmente. Dios, soy tan patética que no me puedo mover de dónde estoy… hago las cosas a medias y sigo creyendo que mágicamente todo me va a salir bien. Dejo todo tirado a la menor provocación y después ya no encuentro el hilo original de las cosas que iba a hacer. Soy un desastre y me creo todas las mentiras del mundo, me la vivo con miedo, miedo de todo y a todos y tal perece que estoy corriendo en un laberinto sin luz, y tras un par de golpes y tropiezos sólo me siento en un rincón preguntándome si estoy en un cuarto enorme o en un pasillo… si podré salir o me quedaré allí para siempre. Y repaso, repaso en mi cabeza las mismas calles, los mismos pasos, llorando hasta caer exhausta. Francamente, no doy una, ni como humana, ni como araña ¡por dios mi misma naturaleza me repugna! soy un caso perdido…

 

Se supone que todos venimos a este mundo porque tenemos una misión que cumplir… yo se bien cuál es mi misión. Lo he sabido desde que nací, y se que esta es la única y última oportunidad que tengo de cumplirla… y aun así corro en círculos y me comporto como una loca humana. Soy la niña que no quiere crecer, la araña que no sirve para cazar… soy la eterna soñadora esclava de la luna. Y quizás este sea otro de esos “lapsus positivus” en los que perjuro y juro que esta vez lo voy a hacer bien. Me he fallado ya tantas veces, que me da miedo creer en mi misma. Pero si yo no creo en mi, ¿quién lo va a hacer? yo soy lo único que tengo que es mio… ¿y saben algo? puedo fallarle a todos. Pero nunca, jamás me fallaré a mi misma.

 

Hace unos días conocí en un ahora ex-probable empleo de recepcionista de un internet a un güero que me contó cómo se iba  a acabar el mundo. Entre más hablaba, más miedo tenía, y para cuando terminó mi “entrenamiento” yo estaba segura de que moriría asesinada por alienígenas  al día siguiente, cuando el mundo acabara. Ahora, una semanas después de mi profético acercamiento a “la verdad” y después de investigar, revisar, leer, y llegar a mis propias conclusiones, me deshice de todos esos miedos menos uno: el miedo a terminar como ese hombre… pequeño, absurdo, insignificante. Sobreviviendo de recuerdos en un lugar donde es casi inexistente, inventando historias o viviendo sus locuras con tal de ser importante en la mente de otros como él… el rey de los mediocres, para los mediocres. Eso me aterra. Yo sólo tengo una oportunidad para hacer que esto funcione, un sólo disparo en la pistola y tiene que dar en el blanco. No tengo otra opción… Si tiro mi oportunidad, siempre me preguntaré qué habría pasado… no, no lo voy a hacer. Después de todo, soy una araña, y las arañas no se rinden porque rendirse es morir. Es hora de tomar el camino que siempre he debido tomar, de levantarme de aquel cuarto o pasillo -no importa lo que sea- y encuentré la luz que necesito para llegar, aunque en el proceso me rompa la nariz. Quiero tejer historias, crear mundos, adentrarme en los colores de aquellos que me inspiran. Quiero estar orgullosa de mi, ¡estoy orgullosa de mi! porque aunque me vuelva a equivocar y tenga que detenerme y me pierda y de vueltas innecesarias, sé que llegaré a mi destino. Y ni el fin del mundo va a impedírmelo.

 

Escribe una araña con mucha convicción. Tanta que ha regresado una vez más a un blog casi sin lectores… pero con mucho pero mucho potencial.

Escribe una humana que, esta vez, no va a perder el camino. Ya no más.

 

Jerusha J.

Antes del “y vivieron felices para siempre” hay un “¡y le costo un huevo!”

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¿Qué sigue después del “y vivieron felices para siempre”? es una de las preguntas que ha atormentado a mi generación (y probablemente a otras 3 o 4) durante años. La industria del cine, la televisión y las novelas de 100 pesos del Sanborns nos han enseñado que la vida empieza a la mitad y se termina antes de los 30. Piénsenlo bien. Programas exitosísimos como “Sex in the city” (lo que me recuerda a las Sex in el rancho que vi hoy, jiji) o “Two and a half men” nos muestran a personajes treintones o hasta cuarentones que ya tienen una vida hecha. Películas como “27 dresses” empiezan con la protagonista perfecta, que tiene la vida arreglada para el final feliz que se aproxima una hora y media después. Incluso los superhéroes más famosos empiezan su vida a la mitad (con la honrosa excepción de Spiderman, que es tan loser que empieza a los 16… o 17).

Mi pregunta aquí es: ¿Porqué carajos nos estamos preocupando por el “y vivieron felices” si ni siquiera nos hemos fijado en cómo llegó allí en primer lugar? Esta pregunta viene a mi mente después de una crisis nerviosa-depresiva-premenstrual de 18 horas, sin respuesta del anuncio del periódica dónde recientemente fui a solicitar empleo, y sin otra opción de trabajo más que de “maistra de englich” en un a escuela que, con todo y su “prestigio” bajo la axila, paga 2.50 por clase. Claro que hace dos días que me dijeron que “se comunicaban conmigo” (favor de leerlo con tono dulzón de recursos humanos) pero vivo en la época del “aquí y ahora” ¿qué no se entiende que quiero las cosas lo más rápido posible? Pues no, obvio que no. Y debido a eso tengo dolor de cabeza, ojos hinchados y una necesidad interna de ver Fushiigi Yuugi, con todo lo mala que es la pobre serie.

No lo sé. Es decir, sabía que la vida laboral no iba a ser nada fácil una vez que terminara la universidad (te odio UNAM, primero no me dejas salir… y ahora que finalmente te demostré cuanto valgo ¡ya no me dejas entrar!) pero no me esperaba esto del todo. Quizás debería escribir un libro que finalmente es lo que quiero dedicarme a hacer llamado Antes del “y vivieron felices para siempre” hay un “¡y le costo un huevo!” que prepare a las jóvenes y dulces nuevas generaciones, atiborradas de Jotas Brothers y Justina Biberones, para la mierda que les va a tocar cuando salgan a la vida real (wow ¿se pueden imaginar eso? si mi generación, curtida de dolor gracias a Remi y Candy Candy, apenas puede aguantarlo… las nuevas generaciones que crecieron entre lo emo y Disney Channel se van a morir. Las van a hacer smoothie de algodón de azúcar…) Contendrá excelentes capítulos tales como “Vuelve cuando tengas 20 años de experiencia, pero aun seas bonito” y “Aceptalo: siempre supiste que no serías una rockstar”. Es más, creo que incluso le añadiré una página central de calcomanías  (¿¡Y me puse mi último par de calcetines limpios para esto!?) y una agenda sin fecha en la parte de atrás, para que si no la haces de físico cuántico (¿y es que The Big Bang Theory nos lo vendió como algo muy rentable no?) al menos puedas ser cómico de banqueta y ganarte unos pesos.

Eso o predicador de la iglesia de los santos de los mejores amigos de Jebus.

Creo que esta es la primera vez que escribo desde hace mucho. Y es que llevo mucho tiempo buscando. Y cuando te cansas de buscar y sientes que tu vida no va para ningún lado, siempre recurres a un poder mayor: Facebook. Porque tu sim es igual de inútil que tu, pero al menos él tiene una maquina de pinball en SU casa. De cualquier manera, esta experiencia me ha hecho crecer de una manera extraña (y con extraña me refiero a rápida. Generalmente las crisis nerviosas-depresivas-premenstruales duran de 48 a 72 horas dependiendo de la época del año y la cantidad de yuri y shoujo que haya estado leyendo) porque me siento más capaz de hacer las cosas. Y tan es así que me acabé yo sola una Tecate y me puse a escribir en mi blog (y leí media Cosmopólitan antes de darme cuenta de que es una revista para personas de vidas a la mitad también…) y creo que, pase lo que pase, encontraré el camino que me llevé a esa “mitad de mi vida” que debe ser interesante (sí, yo sé que es una idea tonta de la televisión, pero ella me crió. Y a las madres se les respeta. Además hasta en el anime sucede, aunque los japos tienen un fetiche con las adolescentes que es muy enfermo…)

Por ahora, estoy oficialmente atorada en el “y le costó un huevo llegar allí” ¿y saben qué? si cuesta un huevo…

Lo bueno es que los huevos los compran mis padres😄

Prometiendo escribir más frecuentemente cosas más amenas.

Jerusha J.

Entre paréntesis…

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Debo comentar que ultimamente me ha costado trabajo publicar por una amenaza que estoy viviendo constantemente. Más que el insecticida o la “vida real” queriendo obligarme a trabajar, hay un enemigo que hasta ahora no he podido vencer por más que intento vencerlo…

Internet.

O más bien los juegos DE internet que me quitan la vida (¡y eso que sólo estoy jugando uno!) y es que es inconcebible para mi que me conecte al facebook y NO juegue los sims o que no me ponga a leer un manga… o ver un dorama… o…

¿Alguien sabe de un buen especialista de Deficit de Atención? porque si esto sigue como esta ahora…

 

Uh, regreso ahorita, acabo de terminar de cargar ¡el episodio 4 del dorama de Ouran!

 

nwn

 

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