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De infancias de mierda y presentes traumados…

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Creo que siempre envidiaré a aquellas personas que pueden decir que tuvieron una infancia “feliz”. Quizás por el hecho de que yo no tuve una de esas juventudes alegres, y pienso erróneamente que si uno no la tuvo, nadie la merece. Incluso puede que este mal y nadie jamás haya tenido una infancia completamente feliz, es más puede que este siendo egoísta y sufra una infancia en en realidad, no estuvo tan mal, comparada con otras. Pero en realidad eso no lo sé porque únicamente puedo saber lo que me dice mi propia perspectiva: mi infancia no fue feliz, por más que quiera creer que si lo fue.

Creo que todo empezó con las peleas arrítmicas de mis padres, los apaleos físicos y emocionales de mis hermanos que detestaban ese favoritismo con el que me trataba mi padre. Luego, eso yo lo descargue en mi hermana y quizás no debí… pero ¿acaso merecía yo que me botaran eso a mi primero? no. Claro que no. Pero esto no es una justificación de mis actos o una sesión de acusaciones; es meramente un momento de reflexión que ni siquiera sé su pueda hacer público para cuando termine de escribir y eso es por el miedo. Si, el maldito miedo que nació en mi desde la primaria, en esos salines tan hermosos y llenos de vida dónde era despreciada por mi color de piel, mi manera de hablar… porque era despistada y a veces cometía errores, como esa vez cuando abrí la puerta del único baño y había una niña que me hizo lo mismo en cuanto yo entré, pero lo hizo para vengarse y humillarme. Días y días en los que nadie me quería ver, ni tocar. Cuando me desquitaba con los que eran más débiles que yo aunque no debía. Los maestros se enojaban conmigo porque no “prestaba atención” o no “me esforzaba lo suficiente” pero ¿quién quiere esforzarse cuando vives al margen de la vida, con todo riéndose a tu alrededor? Para el final de la primaria, lo que había empezado difícil se tornaba peor. Recuerdo en especial a un niño que me hizo sexto año de cuadritos, aunque no se bien que me hacía… quizás lo reprimí tanto que a nunca lo recordaré. Quizás.

La secundaria fue la peor época de mi vida y con buenas razones. Una vez dijeron que tenía el color de la caca y que me habían defecado ¿lindo, no? risas y burlas en plena clase, tantas que me hicieron llorar a la mitad de la lección de francés y la maestra me dijo que “no era para tanto” ¿Qué no era para tanto señora, si ni siquiera se enteró de lo que me pasó? Cada día era peor y peor, y siempre lo aguantaba con la boca cerrada, porque cuando intentaba defenderme sólo eran más risas y más burlas, una tras otra, sin parar, hasta que acabaron con el último trozo de amor propio que tuve de mi. Fue mi época más obscura, cuando empecé la preparatoria. Deseaba tanto desaparecer que comencé a flagelarme y a pintar personajes horribles de grandes sonrisas y ojos vacíos que colgaban de cuerdas en todos los salones. Robaba los plumones rojos de los salones y pasaba horas pintándome sangre en los brazos, perfeccionando cada gota para que pareciera que brotaba de mi piel abierta. Todos comenzaron a tenerme miedo ¿Porqué? ¿Qué acaso no me hicieron de vidrio? ¿Primero me apalean y cuando me levanto se asustan? hipócritas. Odio la hipocresía. Es el único razgo que no trago en nadie. Pero prefería ser ignorada a que me siguieran apaleando, creo que de haber seguido eso si me hubiera suicidado, pero siempre me dio mucho miedo morir. La sola idea de dejar este mundo era aberrante y luego me flagelaba más por mi cobardía. Es curioso, han pasado muchos años de esto y aun retumban en mi cabeza esas risa burlonas, esas muecas horribles de infantes abandonados e ignorados de tal manera que debía hacer a alguien sentir mal para poder llenar algo en su simple y vacía existencia de adorno de sala para una familia que quería más al perro que a ellos (al menos el perro era bonito) Triste. ¿Si yo lo he negado para protegerme, que habrán hecho ellos? ¿serán esos compañeros los de la infancia “feliz” que menciono primero? antes pensaba que si… ahora, no estoy tan segura.

Cuando Avinav se suicidó, yo tuve mucha envidia de su “valor”. Pero al mismo tiempo, me devastó tanto pensar que había tomado la salida más fácil, dejarlo todo a la mitad. Pero espera, ¿qué no morir es valiente y honrado? si lo es, ¿entonces, porqué estoy tan triste? Todos los días después del memorial, al principio del día y durante el recreo, subía a prender sus veladoras en el techo de la escuela y pasaba mucho tiempo allí con él, pensando en si esos mismos hipócritas mediocres me hubieran dejado velas a mi, aun si fuera su culpa. Avinav no se mato por la escuela, fueron muchas más cosas, lo sé… pero siempre los culparé a ellos, quizás también por lo que me paso a mi. Sólo uno de ellos levanto la voz en un momento y pidió a los demás que no fueran hipócritas… y aun así, el llevo velas y rosas y muchas otras estupideces de recuerdo a alguien que ni siquiera se molesto en recordar. No lo sé, quizás yo también hago mal, quizás también soy hipócrita y recuerdo a alguien a quien no conocí bien… pero de quien fui cercana por mucho tiempo. Planeaba mi suicidio en plena escuela, planeaba matar a todos. Creo que fue esos momentos los que me hicieron tan cobarde ahora… tan blandengue. Hablé con mis amigas y ellas me “apoyaron”. Apoyo adolescente, de “ya, ya” y punto. Ahora apenas y hablo con alguna de ellas. Me digo que están ocupadas, que no siempre se puede recordar a ,os amigos, pero luego me pregunto si realmente fueron “amigas”.

Creo que lo único que me mantuvo cuerda hasta el final de la preparatoria fueron mis dibujos. Pasaba días enteros en mi cabeza, imaginando mundos dónde todo giraba a mi alrededor y nadie me quería hacer daño. Era valerosa y de piel clara ¿necesitaba algo más? Tengo diarios enteros llenos de cosas que en realidad no pasaron más que en mi cabeza… ¿triste? no. Al menos no lo veo así. Un joven debe hacer lo que pueda para mantene5rse a flote, aun si eso implica enamorarse de alguien en otro continente, que se siente igual de solo e inseguro y que necesita un apoyo en alguien como él. Daniel, tu me salvaste la vida, y jamás te lo voy a poder agradecer…

A la vuelta de los años, uno se da cuanta de que ese tipo de experiencias te marcan de por vida. Yo me percaté de que esos actos en mi contra eran para encubrir una inseguridad más grande que la mía. Ya sabes, gritar mucho para mostrar valor, aunque te mueras de miedo. Con el paso del tiempo, llegué a “perdonar” a esos desgraciados que me hicieron daño, aunque muy en el fondo aun guardo los peores deseos para ellos. y sé que no debo. Pero francamente, viví miserable casi 14 años de mi vida. Y eso no tiene perdón. Lo entiendo, pero no lo justifico. Y creo que, después de todo, tampoco lo perdono. Si pudiera regresar el tiempo, vivir todo eso nuevamente pero con los conocimientos que tengo ahora, no sólo hubiera intentado golpear a ese tipo gordo y desagradable que se mofaba de mi para ocultar su inseguridad por su mariconería. No. Le estrellaría la banca en esa cabeza llena de mierda hasta partirla en dos como un coco. Y dejaría de ser esta cobarde paranoica que soy para transformarme en alguien lleno de ira y rencor. Un rencor viviente como Pedro Páramo. Pero quizás ni siquiera así tendría mi “infancia feliz” como la deseo. No lo sé, las arañas siempre hemos tenido autoestima pequeña porque somos pequeñas, y nos defendemos cuando nos atacan deliberadamente. Pero yo nunca me defendí… creo que desde entonces estoy defectuosa. Pero aun no sé si ser así es bueno o malo.

De todas formas, el hubiera no existe. Y no puedo regresar el tiempo. Sólo puedo lidiar con la persona que soy ahora y tratar de ser mejor y ayudar a los demás. Quizás en el futuro la vida me de otra oportunidad para que enfrente nuevamente a esas personas. Y espero que para entonces, tenga la fuerza suficiente para partirles la cara a golpes, como debí haberlo hecho hace mucho tiempo. Porque uno tiene que atreverse a hacer las cosas,y terminar siempre lo que se empieza, ¿no?

Jerusha J.

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Corriendo en la obscuridad

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Dicen que la definición de un loco es hacer las mismas cosas una y otra vez, pero esperar resultados diferentes. También dicen que sólo los humanos cometen el mismo error dos veces. Creo que todo es cierto, porque todo se aplica a mi persona actualmente. Dios, soy tan patética que no me puedo mover de dónde estoy… hago las cosas a medias y sigo creyendo que mágicamente todo me va a salir bien. Dejo todo tirado a la menor provocación y después ya no encuentro el hilo original de las cosas que iba a hacer. Soy un desastre y me creo todas las mentiras del mundo, me la vivo con miedo, miedo de todo y a todos y tal perece que estoy corriendo en un laberinto sin luz, y tras un par de golpes y tropiezos sólo me siento en un rincón preguntándome si estoy en un cuarto enorme o en un pasillo… si podré salir o me quedaré allí para siempre. Y repaso, repaso en mi cabeza las mismas calles, los mismos pasos, llorando hasta caer exhausta. Francamente, no doy una, ni como humana, ni como araña ¡por dios mi misma naturaleza me repugna! soy un caso perdido…

 

Se supone que todos venimos a este mundo porque tenemos una misión que cumplir… yo se bien cuál es mi misión. Lo he sabido desde que nací, y se que esta es la única y última oportunidad que tengo de cumplirla… y aun así corro en círculos y me comporto como una loca humana. Soy la niña que no quiere crecer, la araña que no sirve para cazar… soy la eterna soñadora esclava de la luna. Y quizás este sea otro de esos “lapsus positivus” en los que perjuro y juro que esta vez lo voy a hacer bien. Me he fallado ya tantas veces, que me da miedo creer en mi misma. Pero si yo no creo en mi, ¿quién lo va a hacer? yo soy lo único que tengo que es mio… ¿y saben algo? puedo fallarle a todos. Pero nunca, jamás me fallaré a mi misma.

 

Hace unos días conocí en un ahora ex-probable empleo de recepcionista de un internet a un güero que me contó cómo se iba  a acabar el mundo. Entre más hablaba, más miedo tenía, y para cuando terminó mi “entrenamiento” yo estaba segura de que moriría asesinada por alienígenas  al día siguiente, cuando el mundo acabara. Ahora, una semanas después de mi profético acercamiento a “la verdad” y después de investigar, revisar, leer, y llegar a mis propias conclusiones, me deshice de todos esos miedos menos uno: el miedo a terminar como ese hombre… pequeño, absurdo, insignificante. Sobreviviendo de recuerdos en un lugar donde es casi inexistente, inventando historias o viviendo sus locuras con tal de ser importante en la mente de otros como él… el rey de los mediocres, para los mediocres. Eso me aterra. Yo sólo tengo una oportunidad para hacer que esto funcione, un sólo disparo en la pistola y tiene que dar en el blanco. No tengo otra opción… Si tiro mi oportunidad, siempre me preguntaré qué habría pasado… no, no lo voy a hacer. Después de todo, soy una araña, y las arañas no se rinden porque rendirse es morir. Es hora de tomar el camino que siempre he debido tomar, de levantarme de aquel cuarto o pasillo -no importa lo que sea- y encuentré la luz que necesito para llegar, aunque en el proceso me rompa la nariz. Quiero tejer historias, crear mundos, adentrarme en los colores de aquellos que me inspiran. Quiero estar orgullosa de mi, ¡estoy orgullosa de mi! porque aunque me vuelva a equivocar y tenga que detenerme y me pierda y de vueltas innecesarias, sé que llegaré a mi destino. Y ni el fin del mundo va a impedírmelo.

 

Escribe una araña con mucha convicción. Tanta que ha regresado una vez más a un blog casi sin lectores… pero con mucho pero mucho potencial.

Escribe una humana que, esta vez, no va a perder el camino. Ya no más.

 

Jerusha J.

Antes del “y vivieron felices para siempre” hay un “¡y le costo un huevo!”

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¿Qué sigue después del “y vivieron felices para siempre”? es una de las preguntas que ha atormentado a mi generación (y probablemente a otras 3 o 4) durante años. La industria del cine, la televisión y las novelas de 100 pesos del Sanborns nos han enseñado que la vida empieza a la mitad y se termina antes de los 30. Piénsenlo bien. Programas exitosísimos como “Sex in the city” (lo que me recuerda a las Sex in el rancho que vi hoy, jiji) o “Two and a half men” nos muestran a personajes treintones o hasta cuarentones que ya tienen una vida hecha. Películas como “27 dresses” empiezan con la protagonista perfecta, que tiene la vida arreglada para el final feliz que se aproxima una hora y media después. Incluso los superhéroes más famosos empiezan su vida a la mitad (con la honrosa excepción de Spiderman, que es tan loser que empieza a los 16… o 17).

Mi pregunta aquí es: ¿Porqué carajos nos estamos preocupando por el “y vivieron felices” si ni siquiera nos hemos fijado en cómo llegó allí en primer lugar? Esta pregunta viene a mi mente después de una crisis nerviosa-depresiva-premenstrual de 18 horas, sin respuesta del anuncio del periódica dónde recientemente fui a solicitar empleo, y sin otra opción de trabajo más que de “maistra de englich” en un a escuela que, con todo y su “prestigio” bajo la axila, paga 2.50 por clase. Claro que hace dos días que me dijeron que “se comunicaban conmigo” (favor de leerlo con tono dulzón de recursos humanos) pero vivo en la época del “aquí y ahora” ¿qué no se entiende que quiero las cosas lo más rápido posible? Pues no, obvio que no. Y debido a eso tengo dolor de cabeza, ojos hinchados y una necesidad interna de ver Fushiigi Yuugi, con todo lo mala que es la pobre serie.

No lo sé. Es decir, sabía que la vida laboral no iba a ser nada fácil una vez que terminara la universidad (te odio UNAM, primero no me dejas salir… y ahora que finalmente te demostré cuanto valgo ¡ya no me dejas entrar!) pero no me esperaba esto del todo. Quizás debería escribir un libro que finalmente es lo que quiero dedicarme a hacer llamado Antes del “y vivieron felices para siempre” hay un “¡y le costo un huevo!” que prepare a las jóvenes y dulces nuevas generaciones, atiborradas de Jotas Brothers y Justina Biberones, para la mierda que les va a tocar cuando salgan a la vida real (wow ¿se pueden imaginar eso? si mi generación, curtida de dolor gracias a Remi y Candy Candy, apenas puede aguantarlo… las nuevas generaciones que crecieron entre lo emo y Disney Channel se van a morir. Las van a hacer smoothie de algodón de azúcar…) Contendrá excelentes capítulos tales como “Vuelve cuando tengas 20 años de experiencia, pero aun seas bonito” y “Aceptalo: siempre supiste que no serías una rockstar”. Es más, creo que incluso le añadiré una página central de calcomanías  (¿¡Y me puse mi último par de calcetines limpios para esto!?) y una agenda sin fecha en la parte de atrás, para que si no la haces de físico cuántico (¿y es que The Big Bang Theory nos lo vendió como algo muy rentable no?) al menos puedas ser cómico de banqueta y ganarte unos pesos.

Eso o predicador de la iglesia de los santos de los mejores amigos de Jebus.

Creo que esta es la primera vez que escribo desde hace mucho. Y es que llevo mucho tiempo buscando. Y cuando te cansas de buscar y sientes que tu vida no va para ningún lado, siempre recurres a un poder mayor: Facebook. Porque tu sim es igual de inútil que tu, pero al menos él tiene una maquina de pinball en SU casa. De cualquier manera, esta experiencia me ha hecho crecer de una manera extraña (y con extraña me refiero a rápida. Generalmente las crisis nerviosas-depresivas-premenstruales duran de 48 a 72 horas dependiendo de la época del año y la cantidad de yuri y shoujo que haya estado leyendo) porque me siento más capaz de hacer las cosas. Y tan es así que me acabé yo sola una Tecate y me puse a escribir en mi blog (y leí media Cosmopólitan antes de darme cuenta de que es una revista para personas de vidas a la mitad también…) y creo que, pase lo que pase, encontraré el camino que me llevé a esa “mitad de mi vida” que debe ser interesante (sí, yo sé que es una idea tonta de la televisión, pero ella me crió. Y a las madres se les respeta. Además hasta en el anime sucede, aunque los japos tienen un fetiche con las adolescentes que es muy enfermo…)

Por ahora, estoy oficialmente atorada en el “y le costó un huevo llegar allí” ¿y saben qué? si cuesta un huevo…

Lo bueno es que los huevos los compran mis padres XD

Prometiendo escribir más frecuentemente cosas más amenas.

Jerusha J.